Doldrums | The Air Conditioned Nightmare: coctelera de esquizofrenia

Portada de Doldrums The Air Conditioned

Para 1940 había terminado la fiesta. Henry Miller tuvo que recoger su maleta y regresar a los Estados Unidos tras años de farra en París, ciudad en la que el poco dinero que tenía se reinvertía en juergas que luego contar en los libros y así obtener otro cheque que volver a gastar en whiskey y vino. La guerra estaba en marcha y Miller no esperó a ver convertida la ciudad que tanto le había dado en pasto nazi. Su nación le esperaba. La tierra de las oportunidades, la libertad y todo eso que está vendido en la mejor campaña de marketing de la historia. Lo que debía ser el regreso triunfal de un don nadie convertido escritor maldito, underground y rompedor se convirtió en un choque con la realidad rodeado de decepción que dio como resultado ‘The Air Conditioned Nightmare’.

70 años después poco a cambiado. Estados Unidos sigue siendo aquello que tanto detestó Miller con la diferencia de que Europa se ha convertido también en eso. No hay lugar posible para la escapatoria. La distopía ha comenzado a engendrarse. En ese ambiente agónico llega ‘The Aire Conditioned Nightmare’ (Sub Pop, 2015), el regreso de Doldrums tras su debut, ‘Lesser Evil’ (Souterrain Transmissions, 2013).

En su primer álbum, el proyecto de Airick Woodhead sonaba a ideas. Esquizofrenia musical que no lograba conectar y que a menudo hacía perder el concepto de LP. Dos años después, la propuesta de Doldrums ha tomado forma bajo la etiqueta Sub Pop en un trabajo que no elimina ni un ápice de esos sonidos que bordean la locura ni rehúye de las capas y propuestas de diferentes raíces y que, sin embargo, encajan con soltura en un ejercicio atractivo de avant pop en el que los estilos se decostruyen hasta conseguir un ensayo musical logrado y atractivo.

En esa relajada y creativa Montreal encabezada por Grimes, Woodhead ha sacado del dormitorio a Doldrums, ha pulido imperfecciones y ha conseguido pintar la desesperación y el ahogo en ritmos que descolocan, sorprenden y retumban en su adicción. ‘HOTFOOT’ golpea entre la electrónica industrial y el synth punk más frenético, abriendo el álbum a una paleta de texturas y géneros tan grande como complicada de encasillar. ‘Blow Away’ aparece con sintetizadores de ritmos orientales de experiencia downtempo que logran la forma más pop de Doldrums junto con ‘Funeral For Lightning’ para posteriormente visitar a los últimos Radiohead en ‘We Awake’ y llevar al oyente a una discoteca masiva en ‘Loops’, uno de los grandes temas de lo que llevamos de año.

Woodhead ha juntado en una coctelera de ritmos a The Prodigy, los ritmos tropicales, ciertos momentos de Animal Collective, Grimes y hasta Happy Mondays para agitarlos y servirlos en 40 minutos de éxtasis musical de nuevo cuño que ponen banda sonora a un mundo bipolar y resquebrajado que sigue fiel a una autodestrucción iniciada hace más de medio siglo.