EL INFIERNO DEL MÚSICO: ¿HUBO ALGÚN TIEMPO MEJOR?

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¿Hubo alguna época en la que ser músico estaba bien considerado y reconocido económicamente? ¿Hay algún país donde ni un solo gran talento se pudre en las calles por monedas de cobre que ya no sirven ni para comprar un chicle? Lo lógico es que alguien recuerde una época dorada, por todo aquello de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, “estaba todo por inventar” y porque “antes la música era de verdad”. Pero, ¿realmente sería mejor para un músico haber nacido en los años 60 o 70 que en la actualidad?

‘Inside Llewyn Davis’ (‘A Propósito de Llewyn Davis’), además de relatar de una forma conmovedora la vida de un eterno perdedor a principios de los años 60, es un fiel reflejo del estilo de vida de muchos músicos de folk de la época y de muchos músicos de cualquier género en la actualidad. ¿Cuántos Llewyn Davis fueron necesarios para que naciera Bob Dylan? De hecho, este personaje de ficción de los hermanos Cohen está basado en un músico real: Dave Van Ronk, natural de Brooklyn, que conoció al propio Robert Zimmerman (incluso hizo los arreglos de ‘House of the rising sun’ en el primer álbum de Dylan) y tocó en numerosas ocasiones en el Gaslight, uno de los garitos más emblemáticos del folk neoyorquino de los sesenta.

No se podía aplaudir para no molestar a los vecinos, así que me imagino a la gente chaqueando los dedos como locos después de esta delicada canción, que también versiona el actor Oscar Isaac en la película, en este local situado en unos bajos de Greenwich Village. Sin embargo, luego lo que tocaba para el músico después del concierto era recoger su guitarra y buscar a un amigo que le pudiera acoger en el sofá de su casa, pelear con su manager al día siguiente por las regalías de sus discos, buscar otro sitio donde tocar… hasta que aguantaran las fuerzas para darse cabezazo tras cabezazo contra la pared.

Si hubiera que rodar una película “A Propósito… de los músicos en España” nos saldría un film de mayor metraje, con todavía mayores y espectaculares fracasos, aunque una misma idea subyacente: ¿cuál es la clave para triunfar en la música? ¿Es el músico el que no encuentra sitio en la industria o la industria la que no quiere hacer sitio a algunos músicos? Cuando Llewyn Davis llega después de pegarse más de 14 horas en un coche desde Nueva York hasta Chicago sólo por probar suerte con un nuevo manager, Bud Grossman, le toca una canción en la que puede llegar a conmover al más frío, y éste le contesta: “No veo cómo puedo hacer dinero con esto”. Allí se acaba la historia, porque ni siquiera sacando lo mejor de sí mismo puede convencer a una persona que, supuestamente, entiende de música.

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Sigue habiendo un poco de ese filtro en la actualidad, en la que el sí o no de una sola persona puede decantar la balanza del éxito. Por eso es importante elegir el sitio, el lugar y poco menos que rezar para pillar al tipo en cuestión con un buen día. Sin embargo, plataformas de reproducción streaming como YouTube, Spotify, Deezer, etc, ayudan a eliminar barreras entre el artista y el público, haciendo posible que un grupo de Huerta de Rey lo escuchen en Corea del Sur, aunque… ¿a qué precio? Algunos artistas consideran que los intermediarios sobran en el proceso. Personalmente, me encanta lo elocuente que fue Thom Yorke en estas declaraciones sobre Spotify:
“No estoy de acuerdo con lo que dice mucha gente en la industria, que [Spotify] es todo lo que nos queda, es lo que tenemos que hacer… simplemente no estoy de acuerdo. Cuando hicimos ‘In Rainbows’, lo más interesante era que podías tener una relación directa entre tú como músico y tu audiencia. Y ahora, todos estos mierdas como Spotify se meten en el medio, tratando de convertirse en guardianes de todo el proceso. No les necesitamos para hacer eso. Ningún artista les necesita. Podemos construirlo nosotros mismos. Que os den por el culo.”

Desde luego, no creo que muchos grupos puedan vivir de lo que les aportan las reproducciones en Spotify. No obstante, sí que es una de las pocas maneras que se han consolidado para democratizar la música en internet devolviendo parte de las ganancias a sus autores. Y hay que recordar que no todo el mundo está dispuesto a pagar 10€ al mes o los que sean por escuchar música de forma legal. De hecho, son los menos, puesto que el Observatorio sobre las descargas ilegales sacó a la luz el pasado mes de marzo que el 87,48% de los contenidos consumidos en España son piratas. Es decir, que nos gusta la música tanto o más que en los años 60, pero preferimos condenar al suicidio a la industria para que todos los músicos puedan ser siempre tan auténticos como Llewyn Davis.