Culturalcázares 2015 y el orgullo de barrio

El evento celebrado en el barrio toledano de Santa María de Benquerencia demuestra el poder de la organización vecinal con una jornada centrada en la cultura urbana.

Público en el Festival Culturalcázares 2015

Santa María de Benquerencia vive a la orilla del Tajo y bajo la sombra de una mole de cemento: el Hospital Universitario de Toledo, cementerio de millones de euros. Toledo también tiene su Ciudad de la Justicia de Madrid y su Aeropuerto de Ciudad Real. El barrio, también conocido como “el polígono”, supone una escisión obrera de la imperial ciudad manchega, un lugar de calles interminables en las que la parroquia ejerce de rascacielos de un suburbio que hace vida propia fuera de la capital. Quizá sea la extirpación física que la divide de la ciudad por la A-42 la que ha convertido a Santa María de Benquerencia en un ejemplo de organización vecinal, un lugar que elige su propio destino bajo la Asociación de Vecinos El Tajo, constituida hace 40 años y supone la primera de este tipo en Castilla-La Mancha.

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Junto a la parroquia se encuentra el parque, la mayor zona verde del barrio. Un lugar que mantiene su dignidad pese al evidente paso del tiempo en el que el césped reluce orgulloso rodeando un escenario de obra que acogió el 19 de septiembre el Festival Culturalcázares. El evento, organizado por la juventud de la asociación vecinal, cumplía su segunda edición con una amplia cartera de actividades gratuitas de todo tipo y de afán integrador. Culturalcázares fue el pasado sábado un lugar que rebosaba creatividad bajo la bandera de la cultura urbana.

La actividad era frenética desde primera hora de la mañana. Los diferentes talleres y propuestas iban dando vida a un festival que no entiende de condición o edad. Niños y adultos se desperdigaban en las diversas zonas del recinto para ver, participar y disfrutar de gymkanas, exhibiciones de deportes alternativos o un concurso de grafiti que impregnó parte de las paredes del parque con auténticas obras de arte.

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Inauguró la cita una clase de zumba a la que le seguiría la propuesta de Spartans Toletvm Street Workout y la demostración de que el mejor gimnasio está en la calle y no tiene límites. Más tarde sería el turno de Arte Toledo, un colectivo para el que los obstáculos urbanos no son nada si hay un buen par de piruetas de por medio. Entrado el mediodía, la música tomaba el control del Festival Culturalcázares con todo tipo de propuestas musicales en un cajón de géneros para todos los gustos y que abría la percusión afro-flamenco-brasileña de Yeibaya. El calor hacía estragos en un escenario completamente expuesto al sol. No por ello Carlos Canela dejó su intensidad para otro momento. Al joven cantaor le tocó lidiar con las cuatro de la tarde y supo hacerlo con brillantez y clase. Más tarde le tocaría el turno al reggae de Shifara y otras propuestas que fueron acompañando durante más de las doce horas que duró esta segunda edición del festival toledano y que volvió a demostrar el poder de organización e integración de un barrio que vive con orgullo a la ribera del Tajo.

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