La guerra del lobo ibérico

El lobo asoma su cabeza entre la maleza

De niños siempre nos han contado historias donde el lobo era el villano. En el cuento de Caperucita  Roja era el lobo el que devoraba a la niña y a su abuelita, mientras que el cazador era el héroe que llegaba a tiempo para matar a la fiera y sacar a las victimas sanas y salvas. En las historias que se cuentan hoy los villanos son otros.

Todo empieza con un ganadero que accede a una subvención por tener un número concreto de cabezas de ganado, este elige hacer ganadería extensiva a pesar de tener poco control en el ambiente en el que se desenvuelven sus animales. En algunos casos abandonan el ganado  y como consecuencia el lobo u otros carnívoros, como los perros salvajes, lo atacan. El ganadero sufre pérdidas económicas y pide una indemnización que llega tarde y mal así que se cabrea con el lobo y pide su cabeza. Las quejas del ganadero molestan al gobierno que hambriento de votos fáciles le concede el deseo dando plena libertad de actuación a los cazadores. Esto son historias que se oyen, que nadie quiere decir como suyas pero que asociaciones como Lobo Marley no desmienten. Eso sí, dejan claro que afortunadamente la mayoría de los ganaderos no son el malo del cuento.

También hay víctimas, como Javier Colmenarejo, un ganadero de San Mamés (Madrid) que ha perdido 80 cabras en un ataque que se atribuye al lobo. Pero no hay pruebas.  El mismo día de ese ataque hubo dos batidas con perros de caza mayor para controlar la población de jabalíes, justo en la zona donde pace el ganado de Javier.  Ningún experto certifica que hayan sido lobos, no hay pruebas de ADN. Sin embargo, Colmenarejo está lleno de rabia, algo comprensible. Cuando ASAJA (Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores) -que no han contestado a nuestras preguntas- se metió en medio, fue cuando comenzó a aumentar la inquina del ganadero con el lobo.

Luis Miguel Domínguez, presidente de Lobo Marley, habla de desarraigo y de “pseudosindicatos” que defienden el medio rural en contra de la naturaleza. “Los enemigos son los sindicatos agrarios”, dice “y esa dicotomía que manejan en la que eligen entre la naturaleza o ellos mismos”.  Enemigos de las subvenciones, Lobo Marley argumentan que ese dinero es una medida descabellada más que solo perjudica a los animales y a la naturaleza y beneficia al gobierno en una especie de populismo rural. “Las subvenciones no deberían existir como pago por tener algunas cabezas de ganado. Las subvenciones deberían ser premios en calidad de un trabajo con el que el ganadero se mezcle y ayude a la biodiversidad”.  O también que haya un contrato territorial en el que el ganadero se comprometa a mantener la cubierta vegetal de cierto territorio a través de la ganadería.

La sombra del cazador

“Los ataques de lobos afectan a menos del 1% del ganado”, nos cuenta Luis Miguel Domínguez. Además con un marcador genético se solucionarían rápidamente las dudas de si los ataque son perpetrados por lobos o perros asilvestrados. Y  Entonces, ¿por qué ésta guerra entre ganaderos, cazadores y ecologistas?  A parte de que el lobo es de por si un animal perenne en el imaginario de todo español desde que Félix Rodríguez de la Fuente le dio la importancia que este animal realmente tenía en la península ibérica, es también y desgraciadamente un mamífero politizado que sirve como arma arrojadiza entre gobierno, ganaderos y biólogos o naturalistas. Pero hay otro agente en esta guerra y Miguel Domínguez lo tiene claro: “Hay mafia”.

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Luis Miguel Domínguez a punto de tirar una “caseta de la muerte”

 

“En Zamora al lobo lo matan las mafias. Unos (los ganaderos) inflan los datos y otros (los cazadores) los matan. Con un mismo precinto -sólo es válido uno por pieza-  los cazadores pueden llegar a matar a 50 lobos. Aproximadamente 1.000.000 de euros van a los bolsillos de la mafia”, cuenta Domínguez. Entre el gremio de los cazadores siempre ha habido gente importante, de alto nivel económico y propietario de grandes fincas.  En las cacerías siempre los hombres importantes siempre han hecho buenos negocios, ya lo contaba Berlanga en ‘La escopeta nacional’. Pero nunca tanto como hoy han estado tan mimados por el gobierno con una Ley de Caza de Castilla-La Mancha con la que se les permite matar perros y gatos, lancear animales, crear cotos con menos permisos y dar todas las facilidades para matar animales. Menos mal que ésta no es tierra de lobos.

Si lo es Zamora, donde algunos cazadores utilizan casetas de madera para cebar ilegalmente a los lobos, atraerlos a la zona, dispararles y matarles. Denunciar esta atrocidad ha sido el motivo de algunas de las acciones más extremas de Lobo Marley en la Sierra de La Culebra. Algunos integrantes de la asociación fueron a estas casetas con gorros de papá Noel  y caretas de lobos y ovejas, armados con cuerdas, hachas y sierras mecánicas y las tiraron abajo en un gesto de reivindicación y rebeldía que muchos han tachado de “ecoterrorismo”.

“Esta materia no admite otros puntos de vista. Lo demás son falacias y timos. No se puede criticar desde el sofá”, dice enérgicamente Luis Miguel Domínguez, que describe  a las ONGs como casta. Luis Miguel sabe que el revés de esta situación pasa por hacer del lobo una especie protegida, por eso y por un cambio radical en unas leyes abusivas para ganaderos y animales. Y la única forma de llegar a ese cambio es confiando en las nuevas alternativas, “todos esperamos que Podemos materialice ese cambio, yo les votaré porque creo que son los únicos que pueden hacer caso al lobo. Si es así tendrán mi voto, si no es así, no lo tendrán”, sentencia.