Música para ricos

Cuadro de Concierto de flauta de Federico el Grande en Sanssouci de Adolph von Menzel

2015 es año de elecciones y casualmente la fascinante economía ha decidido que se está recuperando. Las familias tienen el mismo dinero -que cada vez vale menos-, el paro sigue estancado con más de cuatro millones de personas que buscan trabajo y otros tantos con un sueldo mísero. Más de 25.000 personas fueron desahuciadas en la primera mitad del año pasado y hemos conocido nuevos conceptos como el de pobreza energética. Estamos saliendo de la crisis.

En este contexto, la facturación en la venta de entradas ha subido en España un 9,76% en el último año. Un país empobrecido como España ha encontrado en el 2014 un año en el que se ha ingresado más en Música en directo, el primero en los últimos cuatro años. Como afirman desde la Asociación de Promotores Musicales -APM- se debe a varios factores. “En 2013 se tocó fondo”, ha declarado Pascual Egea, presidente de la misma. Otro factor casi ridículo es que existe, según la APM, “una mínima recuperación del consumo”. La tercera -y más importante- es el paso de dos giras capitales a la hora de cerrar estas cifras: las actuaciones de One Direction y The Rolling Stones en nuestro país.

La noticia se conoce el mismo día que el Día de la Música anuncia su final como festival porque no puede seguir luchando contra un Gobierno que impuso en septiembre de 2012 un 21% de IVA en la Cultura y que está terminando de ahogar el consumo. Aquella declaración de guerra encabezada bajo la curva figura del ministro Cristóbal Montoro ha conseguido enterrar mes a mes la ya maltrecha propuesta musical de nuestro país. Un agónico veneno que ha ido propagándose temporada tras temporada y que ha dado como resultado el fin de festivales y circuitos famélicos.

Christian Bale en American Psycho mostrando su equipo de música.

¿Cómo es posible entonces que 2014 haya sido un buen año para la música en directo? Los grandes nombres se han apoderado de la taquilla. Ha ayudado que One Direction y The Rolling Stones decidieran girar en España el verano pasado. Con entradas medias que iban de los cerca de 70€ para la boyband a los 100€ de los Stones en Madrid -sin contar con entradas VIP y otras joyas-, resulta sencillo establecer una conexión con la que explicar esta subida. ¿Y qué hay de la clase baja y media? La realidad es bien distinta.

No iba desencaminado Mick Jagger cuando afirmó que One Direction le recordaba a los Rolling Stones. Ambas formaciones, con millones de años de diferencia, se han convertido en clase alta de la Música, artistas que no tienen que notar las complicaciones a las que debe hacer frente una banda en España. Sus conciertos consiguen venderse en apenas unas horas, poco importa el precio de la entrada y las dificultades del país. Es la banda pequeña y la mediana la que duda aterrizar en Madrid, Barcelona o cualquier otra ciudad porque la aventura puede salirle cara. Propuestas que han triunfado como The War On Drugs no vienen a nuestro país si no hay un festival de por medio. Otros, de más calado y trayectoria como Jack White, han eliminado España de su mapa en su última gira. El único modo de vivir la Música y de sentirse amante de propuestas internacionales es el de desembolsar los más de 50 euros que valía ver a Morrissey y los cerca de 90 que se ha dejado cada uno de los que acudirá a ver a Nick Cave en su gira de mayo.

La Música se está convirtiendo en una propuesta cultural al alcance de muy pocos, casi un capricho de ocio. No se tiene en cuenta los tiempos. Que un concierto de Nick Cave alcance los 100 euros solo indica que se busca un público de alto poder adquisitivo. La Música con cierto respaldo de público está abandonando a su vez a las clases más perjudicadas; se abraza a la burguesía para sobrevivir. Y no nos engañemos. Puede que 2014 fuese un buen año para las promotoras de grandes nombres. Han frenado la caída de ventas e incluso la han aumentado, sí: a base de nombres que el día de mañana no estarán; fenómenos efímeros y dinosaurios de estadio. El futuro se torna oscuro a la hora de pensar en nombres que remplacen a estos otros, nombres que deben darse a conocer en pequeñas promotoras y salas, entes que a su vez están ahogándose de forma irremediable. No es solo eso. Es mucho más. La Música, como España, se está convirtiendo en algo que solo algunos pueden disfrutar.