Perro y Siberian Wolves en la sala Taboo: Lo que Malasaña debe ser

La esencia de la música underground nacional fue exprimida el pasado viernes de la mano de Tomavistas Ciudad. El lugar del crímen: La Sala Taboo.

Perro en directo en la sala Taboo de Madrid junto a Siberian Wolves

Muchas son las salas que ofrecen conciertos de grandísima calidad a un público en alza en los alrededores de la Plaza Dos de Mayo; zona que todos llamamos Malasaña para intentar conseguir que, tal vez por mucho repetirlo, llegue a ser lo que fue, o lo que muchos dicen que fue, en los ochenta y noventa. Es triste ver la repercusión de la gran escena actual, siempre olvidada por los grandes medios que de vez en cuando tienden su mano o señalan a algún elegido, pero no por eso hace que pierda su calidad e incluso la dota de cierto toque de romanticismo.

Subieron al escenario bajo los dragones chinos que adornaban el techo Siberian Wolves y con su potencia hicieron el silencio entre la abarrotada concurrencia. Joder. Cada golpe de batería hacía que pareciera que se fuera a caer el edificio abajo. Los ingredientes de los de Gandía seguían un patrón repetido durante el concierto pero no por ello menos efectivo: Batería con ritmos espaciados y contundentes acompañados líneas graves de guitarra como base para las estrofas de voz y a continuación una parte instrumental con la misma base de guitarra sonando en bucle, una batería todavía más contundente y unos punteos de guitarra afilados como una cuchilla.

Las influencias sonoras de la banda iban desde el noise más oscuro y perturbador de las partes instrumentales hasta el grunge de Seattle. Tintes de Pearl Jam por esas líneas vocales que beben de Eddie Vedder, de los directos noise y atronadores de los Black Rebel Motorcycle Club más oscuros y de la nueva ola post-stoner de Royal Blood. Un ejercicio de creatividad  y brillantez que ha supuesto un gran descubrimiento y que conectó con el público desde el primer minuto para hipnotizarlo y embobarlo hasta el final.

Entonces llegó Perro que mostraron la segunda cara de la moneda. Del ambiente absorbente creado por Siberian Wolves pasamos a la gran fiesta que es la banda murciana. El descaro gamberro, el ataque frontal al público, la música descontrolada y las letras sardónicas e incluso absurdas son las señas de identidad de Perro. El concierto empezó mientras hacían una breve prueba de sonido, y a los pocos segundos ya había montado un pogo provocado por los conocedores de la banda y los que sentían que acababa de empezar un fiestón.

Perro demostraron por qué han obtenido reconocimiento a nivel nacional pasando por festivales y por salas de conciertos en toda España. Tienen grandes canciones, se sienten increíblemente cómodos en el escenario y eso se transmite al público una noche de viernes como el fuego en la pólvora. Desgranaron los temas de ‘Tiene Bacalao Tiene Melodía’ (Miel de Moscas, 2014) ante un público entregado, cambiándose los instrumentos con naturalidad. Su música no brilla por la complejidad o profundidad, este cuarteto va al hueso de las canciones ofreciendo algo directo y terriblemente pegadizo.

Entonces acabó el concierto. Y hubo copas y música y más copas y latas y más copas y un kebab. Esto debe ser Malasaña, ¿no?