St Paul and The Broken Bones, los predicadores blancos del nuevo soul

Paul Kenwyn en mitad de un concierto

En ‘A Little More Time’ O. V. Wright pedía con su voz cavernosa y ceceante casi sin cantar, clamando a alguien de más arriba, un poquito de tiempo.  Su legado ya estaba en marcha, del góspel a ser una de las voces del soul más veneradas de todos los tiempos. Uno de sus vinilos descansa en las manos de Paul Janeway,  “Whright y Tommy Tate son algunos de mis discos más preciados”.

El líder de St Paul and The Broken Bones también creció con el góspel de su iglesia, su meta era ser predicador, y quedan restos de esa época en la que según la letra de esa maravillosa serenata que acaba con un profundo y melancólico grito titulada ‘It’s Midnight’, su madre le decía: “Please just try, boy, just find the lord, if you can hear him, just sit and pray…

Eso, sólo siéntate y reza. Pero los caminos del señor le llevaron a ser contable en un banco hasta que ocurrió el milagro y Janeway y su banda de huesos rotos, Jesse Phillips (bajo), Andrew Lee (batería y percusión), Allen Branstetter (trompeta) Browan Lollar (guitarra y voces) Ben Griner (trombón y tuba) y Al Gamble (órgano y piano), acabaron entrando en el estudio de Muscle Shoals. El ojo del productor Ben Tanner de The Civil Wars les mete en el mismo sello que Alabama Shakes, la otra banda de soul de Alabama liderada por Brittany Howard.

Cuando salieron del Muscle Shoals ya tenían un álbum bajo el brazo. Un álbum que resucita el soul de los 50 y los 60 con la fuerza suficiente para noquear los oídos de cualquier purista. ‘Half the City’ (Muscle Shoals, 2014) fue un éxito, y a pesar de ser una panda de chicos blancos del sur, el álbum hizo las delicias de los melómanos estadounidenses, era su última oportunidad. “Es genial vivir el resurgimiento del soul, es un género que me gusta y creo que todavía hay trabajo que hacer aquí”, el predicador ha hablado.

No es fácil grabar con tantos tíos, seis músicos y un frontman para tomar decisiones. “Puede ser complicado a veces, pero la mayoría del tiempo todo el mundo se siente tan responsable de su propio instrumento que acaban trabajando para el otro. Así nada puede salir mal”. Pero a pesar de la aparente tranquilidad de Janeway con todo, a estos tipos que necesitan la música que tocan para respirar les ponen los retos. “El proceso de grabación fue como estar con el pelo en llamas. Teníamos cinco días para grabar el álbum y había cierto sentido de la urgencia. Pero nos encanta la forma en la que suenan los discos viejos así que fue maravilloso intentar hacerlo como ellos”, nos cuenta Janeway.

A veces las canciones las compone Jesse, el bajo, o todos ellos reunidos en una sala. De esta tormenta de ideas nacieron la enérgica ‘Like a Mighty River’ o esa balada de piano melancólico voz depurada que es ‘Grass Is Greener”.  Luego los siete se levantan de sus silla y hacen unos directos electrizantes, no se les puede pedir menos a estos espíritus tocados por el don de generaciones pasadas. Han tocado en el festival de Bonnaroo, un sueño hecho realidad para el cantante, que se colaba allí cuando era pequeño. En Estados Unidos ya les veneran pero tienen que dar el salto a Europa y explotar esas expectativas. En España tocarán el 15 de marzo en Barcelona (Sala Bikini) y el 16 de marzo en Madrid (Teatro Barceló).

Allí estará Janeway entonando su “Give me time, give me time”, cantando como si fuera su última hora. “Simplemente no puedo evitarlo. No sé de donde me viene, será mi manera de hacer las cosas”, sentencia.